¿Hacia dónde miramos?

Cuatro partidos consecutivos sin conocer la derrota. A tres puntos del ascenso y a otros tantos del descenso. El equipo parece, por fin, haber encajado los engranajes del sistema Ferreriano. Un trivote estable, con un Javi Ros irreconocible para bien, un Yuste sólido como el acero y un Sissoko estelar, que llega desde segunda línea, que asiste y que, si el resultado lo requiere, marca.

No vamos a olvidar a antecesores, como es el caso de Karpin, que también enlazaron una retahíla de encuentros sin perder. Sin embargo, aquí es donde entra el factor «Chapi». La definición de un sistema de juego. A pesar de una evidente falta de gol, el conjunto sabe a qué juega y ese hecho, desde que el Mallorca aterrizara forzosamente en la categoría de plata, ha sido su talón de Aquiles. Albert Ferrer, quien hace escasas semanas era más que cuestionado por un amplio sector de la afición, ha conseguido un nuevo aval, y ese aval, y perdón por mi optimismo, puede ser el que devuelva a Son Moix al camino de codearse con el Bernabéu, Camp Nou o San Mamés, entre otros.

Soy yo el primero que, fruto del hartazgo, se cansa de escribir líneas y líneas sobre un hipotético ascenso o un utópico arranque que al fin sitúe al club bermellón entre los candidatos reales al ascenso y que, por añadidura, se lleve la maldición de pisar los puestos de play-off. Pero se deben analizar las diferencias para ver un halo de luz dónde nunca pareció que lo fuera a haber.

Ya no se habla de Marco, sino de Brandon. No se habla de Aouate en sus mejores tiempos, se habla de la futura promesa Wellenreuther. No se habla de recuperar a Ibagaza, sino del enorme potencial de Sissoko. Ni de Karpin, Manzano, Oltra, Carreras, etc. Se habla del «Chapi» Ferrer. Se habla por fin de este equipo y se empieza a creer en él. Recuperando un dato ya mentado anteriormente, repito: a tres puntos del ascenso y a tres del descenso. Cada uno es libre de mirar hacia donde quiera, pero yo, en este mismo momento, escucho una voz con un catalán cerrado de Barcelona diciéndome: I tu, puges?

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